La Unidad de Asma Grave del Hospital General Universitario de Ciudad Real ha renovado la acreditación de excelencia que concede la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC). El sello reconoce la especialización del equipo en el manejo de esta patología y su capacidad para impartir formación práctica presencial dentro del programa de Desarrollo Profesional Continuado de la sociedad científica.
La distinción refrenda la trayectoria de una unidad con más de una década de actividad, acreditada por primera vez en 2020 y que mantiene los estándares exigidos por la SEAIC en formación del personal, cartera de pruebas y dotación tecnológica. En la actualidad, el dispositivo atiende a 240 pacientes con cuadros complejos de asma y está integrado por cuatro facultativos, además de personal de Enfermería y auxiliares con acreditación en pruebas funcionales respiratorias.
«Cuando llegan a consulta se replantea todo el diagnóstico», resume el jefe del servicio de Alergología, Jesús Borja. El proceso arranca con nuevas pruebas y una evaluación sistemática de comorbilidades, para establecer después un plan de seguimiento intensivo y tratamiento ajustado al fenotipo del paciente, en la mayoría de los casos con fármacos biológicos.
Qué supone la acreditación
La acreditación de la SEAIC certifica que la unidad cumple criterios de excelencia en organización, competencias clínicas y capacidad docente. Implica un abordaje multidimensional del asma grave: verificación diagnóstica, acceso a técnicas de evaluación respiratoria avanzadas y protocolos de seguimiento estrecho con indicadores de control.
Este reconocimiento también habilita al equipo para formar a otros profesionales en prácticas presenciales de alto nivel. La validez de la distinción se sustenta en la formación específica continuada del personal y en el mantenimiento de equipamiento para mediciones como espirometría y oscilometría, claves para monitorizar la evolución de los pacientes.
Atención intensiva y continuada
El modelo asistencial se basa en citas largas y estructuradas. «Entre revisar el tratamiento, la espirometría, la oscilometría y los controles, con cada paciente estás una hora», explica Borja. Esa dedicación facilita la educación terapéutica, el ajuste fino de medicación y la detección precoz de descompensaciones.
La continuidad profesional es otro pilar. Habitualmente los mismos especialistas atienden a cada persona en seguimiento, lo que aporta estabilidad clínica y reduce la variabilidad en las decisiones. El resultado es una relación asistencial estrecha que mejora la adherencia y el control de la enfermedad.
Pacientes complejos y comorbilidades
El asma grave suele coexistir con otras patologías que agravan los síntomas respiratorios. Desde la consulta se articulan derivaciones a Otorrinolaringología, Hematología o Reumatología, entre otras, para un manejo coordinado. También se contempla el apoyo en Psiquiatría o Psicología, dado el impacto funcional de la enfermedad en la vida diaria y el riesgo de ánimo deprimido.
Este circuito multidisciplinar permite afinar el diagnóstico diferencial, tratar agravantes —como rinosinusitis crónica o alteraciones hematológicas— y abordar la dimensión emocional, que influye en las exacerbaciones y en la correcta administración de la terapia.
Biológicos personalizados y compromiso del paciente
El tratamiento pivota cada vez más hacia anticuerpos monoclonales dirigidos a dianas inflamatorias específicas, seleccionados según biomarcadores y tipo de asma. La unidad trabaja actualmente con cinco opciones biológicas, que se prescriben tras estratificar el perfil clínico y analítico de cada caso.
Son fármacos efectivos y de elevado coste, por lo que se incide en la corresponsabilidad del paciente: recogida en Farmacia Hospitalaria en la fecha prevista, conservación en frío en condiciones óptimas y administración conforme a pauta. «Se lo explicamos a cada paciente y pedimos compromiso», subraya Borja. Esta cultura de uso correcto es determinante para sostener la eficacia y minimizar eventos adversos.
Qué es el asma grave
Se trata de una forma de enfermedad respiratoria crónica que afecta hasta a un 10% de las personas con asma. Se caracteriza por una respuesta insuficiente a los tratamientos habituales, síntomas persistentes y un mayor riesgo de efectos adversos por exposición continuada a fármacos de control.
En términos asistenciales, este perfil clínico se traduce en más ingresos hospitalarios, visitas repetidas a urgencias y un incremento del absentismo escolar o laboral. De ahí la necesidad —asumida por los servicios hospitalarios de Alergología— de crear unidades de alta especialización para optimizar el diagnóstico, personalizar el tratamiento y reducir las exacerbaciones.
Tendencia al alza
El servicio constata un aumento de las patologías respiratorias, en línea con lo observado en alergias. Según Borja, el asma afecta al 10% de la población menor de 15 años, un dato que añade presión a los circuitos de atención y subraya la relevancia de contar con dispositivos de alta resolución clínica.
La renovación de la acreditación sitúa a la unidad del Hospital de Ciudad Real como referente regional en manejo de casos complejos, docencia práctica y coordinación multidisciplinar. Un modelo centrado en la evidencia, la personalización terapéutica y la continuidad, con el objetivo de reducir crisis, mejorar calidad de vida y contener el impacto sanitario y social del asma grave.
