La Escuela de Familias enseña a identificar señales de ansiedad en adolescentes

La Concejalía de Servicios Sociales, Familia y Mayor de Ciudad Real reunió a decenas de familias en una nueva sesión de su Escuela de Familias para abordar un asunto que inquieta en muchos hogares: la ansiedad en la adolescencia y cómo detectar sus señales más discretas. El encuentro, celebrado en el Centro Municipal Nieves Adán, contó con la intervención de la orientadora familiar Sara Pérez‑Tomé, especialista en infancia, adolescencia y familia.

El foco de la jornada fue práctico y directo: ofrecer pautas para entender lo que sucede cuando «la ansiedad no se ve» y dotar a madres y padres de recursos para acompañar a sus hijos en una etapa especialmente sensible del desarrollo. La concejala del área, Aurora Galisteo, subrayó el respaldo recibido por parte de las familias y avanzó que el Ayuntamiento continuará impulsando acciones formativas que aporten «herramientas de formación» útiles en el día a día doméstico.

La sesión, muy participada, se planteó como un espacio de orientación y contraste de experiencias, con un objetivo común: reforzar la cohesión familiar y mejorar la convivencia en momentos de mayor exigencia emocional.

Señales silenciosas de ansiedad

Bajo el título «Cuando la ansiedad no se ve: señales silenciosas en niños y adolescentes», Pérez‑Tomé insistió en la necesidad de mirar más allá de lo evidente y atender a los cambios que, sin ser estridentes, pueden indicar malestar. La experta pidió a las familias una actitud de observación serena, sin alarmismos ni juicios apresurados, que permita comprender los ritmos propios de cada adolescente.

La orientadora resumió su enfoque en un equilibrio claro: presencia y respeto. «Un adolescente necesita a unos padres que le acompañen con calma, con serenidad y sin ser invasivos ni sobreprotectores«, señaló. Para ello, añadió, es clave «dedicarles tiempo y saber escucharles», un binomio que ayuda a abrir canales de confianza y a reducir la tensión en casa cuando aparecen conductas que desconciertan.

Como punto de partida, defendió la importancia de que el entorno familiar aprenda a «leer qué le está pasando al adolescente»: interpretar contextos, identificar variaciones en hábitos y ofrecer una respuesta ajustada que no anule su autonomía. El mensaje, reiterado a lo largo de la charla, se centró en acompañar más que en dirigir, sostener más que en imponer.

Acompañar sin invadir

Pérez‑Tomé recordó que la adolescencia exige una presencia adulta constante pero no asfixiante. Propuso cuidar el lenguaje, bajar el volumen de las discusiones y habilitar tiempos y espacios de conversación donde sea posible hablar sin prisas. Escuchar, dijo, implica también tolerar silencios y dar margen para que el joven exprese lo que siente cuando esté preparado para hacerlo.

La especialista defendió que la serenidad de los adultos actúa como ancla: contribuye a rebajar la ansiedad percibida por los menores y facilita que se atrevan a compartir inquietudes que no siempre saben nombrar. La sobreprotección, por el contrario, puede intensificar el miedo y dificultar la adquisición de herramientas propias para gestionar la incertidumbre.

Continuidad del programa municipal

La concejala Aurora Galisteo valoró la alta respuesta del público y confirmó que el consistorio seguirá impulsando la Escuela de Familias en la misma línea. El objetivo, remarcó, es sostener un programa estable que proporcione «herramientas de formación que puedan contribuir a mejorar las relaciones familiares y la cohesión familiar», con sesiones que den voz a inquietudes planteadas por las propias familias.

En el cierre, la organización puso el acento en la utilidad práctica de la jornada: menos teoría abstracta y más recursos cotidianos para afrontar «esas etapas más difíciles» en la crianza. La prioridad, coincidieron ponente y responsables municipales, es fortalecer el acompañamiento en casa y facilitar que la ansiedad deje de pasar inadvertida.

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