Ciudad Real vivió en la tarde de Viernes Santo su acto central de la Semana Santa: la procesión del Santo Entierro, que volvió a tomar las calles del centro con recogimiento y solemnidad. La procesión del Santo Entierro volvió a recorrer el centro de Ciudad Real en un clima de silencio y devoción.
La cita cobró este año un cariz especial por el vigésimo aniversario de la declaración de la Semana Santa de Ciudad Real como Fiesta de Interés Turístico Nacional. Este año se cumplen 20 años del reconocimiento como Fiesta de Interés Turístico Nacional. El alcalde, Francisco Cañizares, situó ese hito como prueba de la continuidad y proyección de una tradición «que forma parte de nuestra identidad colectiva».
Una procesión de silencio y devoción
El cortejo avanzó entre un respeto palpable y una participación sostenida de vecinos y visitantes, que siguieron el paso de las hermandades por el casco urbano. Junto a Nuestra Señora de los Dolores, Ave María, procesionaron el Cristo de la Piedad, el Descendimiento, la Virgen de las Angustias y el Santo Sepulcro, configurando un itinerario litúrgico de sobria belleza.
El orden y el ritmo de la comitiva contribuyeron a realzar el carácter penitencial del Viernes Santo en la capital. Las imágenes, arropadas por cofrades y mantillas, avanzaron en un ambiente de silencio solo interrumpido por las marchas procesionales, testimonio del arraigo de esta celebración en la ciudad.
La afluencia, descrita como numerosa por los organizadores, reforzó el peso del Viernes Santo dentro del calendario cofrade local. La presencia de público fue constante a lo largo del recorrido, que discurrió por las principales vías del centro.
Presencia institucional y eclesiástica
El alcalde, Francisco Cañizares, y miembros de la Corporación Municipal se sumaron al cortejo y acompañaron el paso de Nuestra Señora de los Dolores, Ave María, durante el desfile. El alcalde y la Corporación Municipal acompañaron el paso de Nuestra Señora de los Dolores, Ave María. El regidor defendió la relevancia de esta jornada, a la que definió como «uno de los momentos más sobrecogedores» de la Semana Santa en la capital, por la confluencia de fervor popular, imaginería y silencio.
La procesión estuvo presidida por el obispo de la diócesis, Abilio Martínez, con la participación de la Asociación de Cofradías, representantes de instituciones y miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. El obispo Abilio Martínez presidió el cortejo. La coordinación entre hermandades e instituciones se tradujo en un desarrollo ordenado del acto central del día.
En un año de aniversario, el respaldo institucional se hizo visible en la cabecera y en distintos puntos del recorrido, subrayando la dimensión cultural y turística de una Semana Santa que trasciende el calendario litúrgico y proyecta el nombre de Ciudad Real más allá de la provincia.
Afluencia y normalidad
La jornada transcurrió sin incidencias reseñables, con un flujo de asistentes elevado y constante en las calles por las que discurrió la comitiva. La jornada transcurrió con normalidad y una afluencia notable a lo largo del recorrido. La organización destacó la respuesta del público y el respeto mostrado durante el paso de los tronos.
Ese seguimiento consolida de nuevo el protagonismo del Viernes Santo dentro de los oficios y procesiones de la Semana Santa ciudadrealeña. La combinación de silencio, disciplina y participación cofrade volvió a sostener el tono de una ceremonia que, dos décadas después del reconocimiento nacional, mantiene intacto su poder de convocatoria.
Con el Santo Entierro como eje, la capital ratificó la vigencia de una tradición que articula devoción, patrimonio y tejido asociativo. El balance, marcado por la normalidad y el respeto, apuntala la condición del Viernes Santo como referencia emocional, cultural y turística en el calendario local.
