El 16º Curso de Pintura Infantil López Villaseñor arranca en el Museo del Quijote

El XVI Curso de Pintura Infantil «López Villaseñor» ha arrancado en la sala didáctica del Museo del Quijote de Ciudad Real, con los grupos más pequeños ya frente al lienzo y la siguiente tanda prevista a partir del 13 de julio. La actividad, impulsada por el área de Cultura municipal y dirigida por Jesús Arévalo, vuelve a apostar por el talento infantil en pleno verano.

El inicio de esta edición coincidió con la visita este lunes del concejal de Cultura, que comprobó in situ las condiciones del espacio y el ritmo de las sesiones. El responsable municipal calificó el curso de «muy recomendable» y animó a las familias a aprovechar la oferta formativa estival.

Se trata de uno de los clásicos del verano cultural local y mantiene su estructura por quincenas. En esta primera parte participan alumnos de primer y segundo ciclo de Educación Primaria; del 13 al 24 de julio será el turno de los de tercer ciclo y de la ESO.

Calendario y niveles

El curso se organiza en dos bloques consecutivos para adaptar contenidos y tiempos a la edad del alumnado. La primera quincena reúne a escolares de los ciclos iniciales de Primaria, que centran el trabajo en fundamentos de dibujo y color. La segunda, del 13 al 24 de julio, está reservada a quienes cursan el tercer ciclo y a estudiantes de la ESO, con propuestas acordes a su mayor autonomía.

El Ayuntamiento subraya el valor de esta oferta en periodo no lectivo. Según el concejal, el entorno del Museo del Quijote favorece la concentración y el disfrute: los participantes se relajan a la vez que desarrollan destrezas plásticas básicas, guiados por un docente con experiencia.

De los lápices al lienzo

Al frente del aula está, un año más, Jesús Arévalo. Su planteamiento se centra en que los niños pasen del cuaderno al soporte pictórico sin bloqueo. El objetivo nuclear es que pierdan el miedo al lienzo y aprendan a controlar dimensiones y proporciones, un cambio que a esas edades impone más que el papel habitual.

Arévalo resume así el salto metodológico: «Cuando eres pequeño lo primero que tienes a mano son lapiceros y un folio». El curso trabaja para romper esa barrera mediante ejercicios sencillos, escalonados y con referencias visuales claras, para que la sensación de formato no abrume y la construcción de la imagen resulte comprensible.

Técnicas y materiales

El programa emplea pintura acrílica por su secado rápido y menor toxicidad. La paleta parte de los colores primarios y se entrena la mezcla a partir de una plantilla que orienta las cantidades, de modo que los alumnos comprueban cómo surgen gamas y matices con recursos limitados y adquieren criterio cromático desde el inicio.

La selección de motivos es variada para sostener la motivación: paisajes, bodegones y animales, entre otros. La consigna es trabajar temas que les apetezca pintar para afianzar hábitos —observación, encaje, mancha y ajuste de color— sin perder el disfrute. El enfoque combina demostraciones breves con práctica continuada y correcciones cercanas.

Un aula que acompaña

La sala didáctica del Museo del Quijote aporta luz, espacio y silencio, condiciones que el equipo organizador considera clave para avanzar. El ambiente, según constató el concejal de Cultura en su visita, favorece que los chavales se «relajen» y afronten con naturalidad pinceles y colores, con resultados que, a juicio del responsable municipal, «apuntan maneras».

El curso «López Villaseñor» consolida así su papel como puerta de entrada a la práctica artística entre los más jóvenes. Con un formato accesible y contenidos básicos bien graduados, ofrece una experiencia presencial, tradicional y tangible en un verano de pantallas, y reserva a cada grupo su tiempo para aprender mirando, mezclando y pintando.

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