Ciudad Real ha presentado su Plan Director del Arbolado Urbano, la guía que orientará la gestión del bosque urbano en las próximas dos décadas. La concejalía de Servicios a la Ciudad culmina así un trabajo de más de año y medio que la corporación municipal ya señaló como necesario en 2017, y que ahora se concreta como marco de actuación para el arbolado y las zonas verdes.
Ciudad Real presenta su Plan Director del Arbolado Urbano, la hoja de ruta para gestionar el bosque urbano durante los próximos 20 años. No es un simple inventario, sino una estrategia integral que busca ordenar, proteger y mejorar el patrimonio verde de la capital con una visión estable y evaluable en el tiempo.
Alcance a 20 años
El documento fija prioridades y métodos de trabajo a largo plazo. El documento fija 26 retos y 12 líneas estratégicas que se traducen en medidas escalonadas para planificar nuevas plantaciones, cuidar las existentes y ajustar los tratamientos a las necesidades de cada barrio y alineación. Se persigue continuidad: que las decisiones no dependan de ciclos cortos, sino de criterios técnicos consolidados.
El concejal de Servicios a la Ciudad, Gregorio Oraá, subrayó el cambio de enfoque: los árboles “no son un elemento decorativo, sino una infraestructura verde esencial para la ciudad”. De ahí la apuesta por un planteamiento global que incorpore diagnóstico, objetivos, gobernanza y seguimiento.
Diagnóstico y objetivos
La capital cuenta con un arbolado consolidado. La ciudad dispone de 34.000 árboles, casi 4.000 plantados en el actual mandato, según el balance ofrecido en la presentación. El plan parte de ese punto de partida para definir actuaciones de conservación, reposición y expansión en función del estado y ubicación de cada ejemplar.
El análisis técnico identifica un arbolado “sano, joven, adulto y, por tanto, prometedor”, en palabras del director de IFFE, la empresa que ha elaborado el documento, Luis Hiernaux. La meta es aprovechar ese potencial con pautas claras de manejo y mantenimiento que aseguren estabilidad, seguridad y valor ambiental a medio y largo plazo.
La hoja de ruta resume la trascendencia urbana del bosque local. Hiernaux insistió en que “sin bosque urbano Ciudad Real no sería habitable”, un recordatorio del papel estructural del arbolado en la calidad del aire, el confort térmico y la configuración del espacio público.
Participación y consenso
El Plan se ha trabajado con consultas ciudadanas, incorporando encuestas y opiniones de participantes. Esa apertura pretende alinear la gestión con las expectativas de vecinos y usuarios de parques y calles, y anticipar conflictos de uso cuando se programen podas, sustituciones o nuevas alineaciones.
La propuesta se presenta como un “documento de ciudad”, una estrategia de consenso “que no pertenece a ningún partido político”, según recalcó la concejalía. El plan se define como un «documento de ciudad» y no de partido, con el objetivo de sostener políticas estables más allá de los mandatos.
En esa línea, el trabajo sostiene que “los beneficios son muy superiores a los posibles perjuicios”, en referencia a las incidencias que puede generar el arbolado si no se maneja con criterios técnicos y de convivencia urbana.
Gestión e inversión
La ejecución requerirá continuidad presupuestaria. Hiernaux abogó por invertir para mantener y mejorar un patrimonio que, a su juicio, la ciudad ya tiene en condiciones favorables. El plan, afirmó, marca la forma “para sacar el mayor partido de ese patrimonio”, con una secuencia de actuaciones graduadas en el tiempo.
La concejalía enmarca el documento como base para coordinar áreas municipales y servicios externos, asegurar la trazabilidad de las intervenciones y priorizar donde el retorno social y ambiental sea mayor. La premisa que resume el enfoque quedó explícita en la presentación: “la ciudad tiene un potencial maravilloso” que debe gestionar con rigor y visión de futuro.
Los árboles son una «infraestructura verde esencial» para la capital y el plan fija una metodología para que ese valor se traduzca en decisiones sostenidas y medibles, con participación social y criterios técnicos como guía.
