La Plaza de Toros de Ciudad Real incorpora desde hoy un azulejo en honor a la ganadería Víctor y Marín, una de las divisas históricas de la provincia. El Ayuntamiento materializa así un homenaje público a un hierro que, a pocos años de su centenario, ha estado ligado a la vida taurina local durante casi un siglo.
La iniciativa reconoce a la ganadería Víctor y Marín por su aportación sostenida al coso y por su papel como punto de encuentro para profesionales y aficionados. El acto reunió al alcalde, Francisco Cañizares; a la concejal de Festejos, Mar Sánchez; al vicepresidente de la Diputación Provincial; a la Dulcinea y sus Damas; y a numerosos aficionados.
El regidor subrayó que el gesto «pone en valor la historia de la Plaza de Toros de Ciudad Real y del mundo del toro en la ciudad». Calificó a la explotación como «bandera de nuestra provincia» y destacó su disposición histórica a acompañar a los toreros locales en sus inicios.
Reconocimiento municipal
El azulejo se presenta como nuevo elemento de memoria taurina en el coso de la capital. Se suma al patrimonio simbólico del recinto con la voluntad de fijar, en un soporte visible, la trayectoria de un hierro asociado a la provincia desde hace décadas.
Durante el acto, Cañizares incidió en que el tributo «permite reconocer a quienes han contribuido a construir el relato taurino de Ciudad Real». La Concejalía de Festejos subrayó el arraigo social de la afición y el valor de conservar hitos y nombres que la explican.
Entre el público, familias y peñas compartieron una ceremonia breve y de tono institucional, con la presencia protocolaria de la comitiva municipal y provincial. La pieza cerámica quedó instalada en un lugar destacado del recinto, para consulta de visitantes y abonados.
Rumbo al centenario
Víctor y Marín atesora 93 años de historia. Fue fundada en 1933 por el abuelo de los actuales responsables y, desde entonces, ha mantenido una actividad ininterrumpida vinculada a la provincia. Su representante, el ganadero Felipe Lasanta, recordó los orígenes en un tentadero celebrado en Picón, en el entorno de Ciudad Real.
La explotación quedó vinculada en 1956 a los hermanos Marín Montero, etapa que consolidó su identidad y proyección. Esa continuidad ha permitido a la divisa asentarse como nombre habitual en festejos, tentaderos y actividades formativas del ámbito provincial.
Lasanta agradeció el gesto municipal y repasó hitos familiares y profesionales asociados a la finca, siempre con la vista puesta en un centenario que la ganadería encara con la misma seña de identidad: selección, afición y compromiso con la plaza de la capital.
Vivero de toreros de la provincia
El Ayuntamiento destacó que la aportación de la explotación trasciende la cría brava. Víctor y Marín ha sido, en palabras del alcalde, un lugar con «las puertas abiertas a todos aquellos que han tenido que ser toreros de nuestra provincia», en referencia a su función como espacio de aprendizaje y rodaje.
Esa labor como cantera local ha mantenido un flujo constante de novilleros y profesionales hacia sus tentaderos, contribuyendo a la formación práctica y al contacto con el campo bravo. La ganadería ha favorecido, además, la convivencia entre aficionados, cuadrillas y escuelas taurinas del entorno.
Con la colocación del azulejo, Ciudad Real subraya la continuidad de una relación entre plaza y campo que explica buena parte de la afición en la provincia. El reconocimiento se integra en el recorrido histórico del coso y fija, para las nuevas generaciones, un nombre propio de la tauromaquia ciudadrealeña.
La pieza cerámica, concebida como recuerdo y señal, refuerza la visibilidad de la ganadería en el corazón de la ciudad y deja constancia de una trayectoria que, a las puertas del centenario, sigue siendo referente para la afición y para los profesionales del toro en Ciudad Real.
