La delegada de la Junta en Ciudad Real, Blanca Fernández, reclamó este 20 de noviembre en la capital provincial “visibilidad social y empatía” hacia quienes conviven con patologías vinculadas al dolor crónico, un sufrimiento a menudo invisible. “Estamos acostumbrados a interpretar que aquello que no se ve no existe, y nada más lejos de la realidad”, advirtió en la apertura del seminario “Desigualdad social, discapacidad y dolor”.
El foro, impulsado por la asociación FibroReal, busca situar en la agenda pública la dimensión sanitaria, social y jurídica del dolor y examinar cómo se está valorando esta enfermedad y su impacto en la vida de quienes la padecen. La convocatoria sirvió, además, para subrayar las líneas de actuación del Gobierno de Castilla-La Mancha en atención integral a estos pacientes y para pedir propuestas que mejoren la accesibilidad, la formación profesional y la adaptación de los entornos laborales.
Un seminario para abrir debate
El encuentro, de una jornada completa en Ciudad Real, reunió a profesionales y responsables institucionales con perfil sanitario, académico y municipal. Junto a Fernández intervinieron el decano de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, Fernando Callejas; la subdirectora médica de Atención Primaria del Hospital General Universitario de Ciudad Real, Beatriz Jiménez; y la concejala del Ayuntamiento de Ciudad Real, Aurora Galisteo.
FibroReal planteó un triple objetivo: divulgar, sensibilizar e informar a estudiantes de Derecho y Ciencias Sociales, a autoridades, abogados y jueces, y al conjunto de la ciudadanía sobre el modo en que se juzgan las enfermedades del dolor y qué consecuencias reales acarrean para los diagnosticados. La asociación recalca que comprender esa casuística es clave para avanzar en igualdad y en garantías efectivas de derechos.
El formato incorpora testimonios y análisis técnicos para conectar la experiencia clínica con su traducción administrativa y judicial. La finalidad, según se destacó, es que esa conversación se transforme en decisiones medibles en los ámbitos educativo, sanitario, laboral y social.
Atención centrada en el paciente
La Junta defendió una respuesta que combine tratamiento médico y acompañamiento emocional. Fernández desgranó una hoja de ruta que incluye educación para empoderar a los pacientes en su autocuidado, ejercicio terapéutico, apoyo psicológico y prescripción personalizada. “Hay mucho margen de mejora”, admitió, a la vez que insistió en que el abordaje debe ser integral y sostenido en el tiempo.
En este marco, la Administración regional invocó dos herramientas estratégicas: el Plan de Salud y el Plan de Humanización, que impulsan un modelo centrado en el paciente donde las necesidades emocionales, sociales y psicológicas se colocan al mismo nivel que las clínicas. Esta pauta, subrayó, resulta determinante cuando el dolor no es visible y, sin embargo, condiciona la vida diaria.
La concreción de ese enfoque pasa por circuitos de atención coordinados entre Primaria y Especializada, y por equipos formados en evaluación del dolor y en comunicación clínica. La premisa compartida en el seminario es que la calidad asistencial no se mide solo por pruebas diagnósticas, sino por la capacidad de responder a la complejidad del dolor persistente.
Un reto social, no solo sanitario
La delegada enmarcó la fibromialgia, el síndrome de fatiga crónica y patologías afines como un desafío que desborda lo clínico. Su efecto, advirtió, alcanza a las oportunidades laborales, al acceso a derechos, al reconocimiento institucional y a la rutina cotidiana. Por ello, reclamó coherencia entre los discursos y la práctica, para que el sistema no penalice a quien vive con dolor que no se ve pero limita.
Fernández recordó que “hasta hace bien poco” la fibromialgia se consideraba una dolencia psicosomática o incluso “inventada”, sostenida en explicaciones pseudocientíficas y psiquiátricas. Ese sesgo, señaló, dejó secuelas en el imaginario social y en algunos procedimientos, y obliga a reforzar la evidencia y la sensibilidad profesional.
Los participantes coincidieron en que reconocer el dolor y su impacto funcional es condición previa para articular medidas de apoyo efectivas, desde la valoración de la discapacidad a los ajustes razonables en el trabajo.
Visibilidad, apoyo y orientación
La organización anfitriona fue citada como pieza clave para acompañar a quienes reciben un diagnóstico. “Gracias, FibroReal, por dar visibilidad y por ofrecer apoyo psicológico y emocional y orientación”, dijo Fernández, que aludió a la incertidumbre que aparece en el primer momento. En Castilla-La Mancha se estima que 70.000 personas padecen fibromialgia y síndrome de fatiga crónica.
El objetivo inmediato, trasladado a la clausura, es que la jornada sea “provechosa” y desemboque en propuestas concretas: más accesibilidad en servicios y recursos, mayor formación específica para profesionales y entornos laborales adaptados a necesidades reales. La idea de fondo es alinear la respuesta institucional con la experiencia de los pacientes.
En la sala se impuso una conclusión operativa: ganar visibilidad para el dolor crónico implica cambios en la mirada pública y también ajustes en la gestión sanitaria y social. El reto es que ese compromiso se traduzca en procedimientos, tiempos y apoyos que reconozcan, sin dudas, una realidad que existe aunque no se vea.
