El cereal lidera ayudas a jóvenes e inversiones en modernización agraria en Castilla-La Mancha

Castilla-La Mancha sitúa al cereal en el centro de su agenda agraria. En la apertura de las XXXVII Jornadas Técnicas de la Asociación Española de Técnicos Cerealistas (AETC), en Toledo, el director general de Agricultura y Ganadería, Jesús Fernández Clemente, subrayó que este cultivo es clave tanto en la incorporación de jóvenes como en los procesos de modernización y digitalización impulsados con fondos de desarrollo rural y ayudas LEADER. «Los cereales continúan siendo uno de los pilares», resumió.

El mensaje llega en un foro sectorial que reúne hoy y mañana a técnicos y empresas del grano y donde la Junta exhibe cifras de relevo generacional, inversión y transferencia de conocimiento. La apuesta institucional se apoya en un despliegue de ensayos en campo y proyectos de investigación que pretenden mejorar el rendimiento, la rentabilidad y la sostenibilidad de las explotaciones cerealistas de secano y regadío.

Entre 2016 y 2024 se han incorporado 5.385 jóvenes agricultores y, de ellos, 632 lo han hecho con el cereal como orientación productiva principal, en torno al 12% del total. En paralelo, las líneas de modernización han priorizado la digitalización de procesos y la recopilación de datos de producción y rendimiento. En conjunto, el Programa de Desarrollo Rural (PDR) y el Plan Estratégico de la PAC (PEPAC) han canalizado 14,5 millones en ayudas a 1.415 expedientes, movilizando 31 millones de inversión. El objetivo: apuntalar un sector que es «referente» por tradición, volumen productivo, su peso en la seguridad alimentaria y su impacto económico en el medio rural.

Impulso a jóvenes y modernización

La Consejería sitúa al cereal como apuesta preferente en el relevo generacional. Según los datos expuestos por Fernández Clemente, el cultivo figura como orientación principal o complementaria en la mayoría de las explotaciones de nueva instalación. El perfil que se impone busca estabilidad de ingresos, facilidad de mecanización y escalabilidad de superficie, con margen para incorporar tecnología.

En las inversiones, el foco se ha desplazado hacia la digitalización: monitorización de labores, trazabilidad de operaciones, control de rendimientos por parcela y manejo ajustado de insumos. La orientación es clara: extraer más valor de cada hectárea con decisiones basadas en datos y reducir costes mediante maquinaria eficiente y prácticas agronómicas de precisión.

Fernández Clemente defendió que estas palancas públicas pretenden blindar la competitividad del cereal castellanomanchego: simplificar el acceso de los jóvenes, impulsar el salto tecnológico y sostener el tejido empresarial que provee servicios, insumos y transformación.

Ensayos en campo y transferencia

El Instituto Regional de Investigación y Desarrollo Agroalimentario y Forestal (IRIAF) articula la parte aplicada con una red de parcelas de experimentación. El pasado año se instalaron más de 120 campos de ensayo en una superficie conjunta de 30 hectáreas, con trabajos en variedades de trigo y cebada, dosis y tipos de fertilización de sementera y cobertera, densidades de siembra, cultivos alternativos, técnicas de laboreo y rotaciones.

Los ensayos se distribuyen en centros y fincas de referencia: Albaladejito (Cuenca), el CIAPA (Guadalajara) y, en la provincia de Ciudad Real, El Chaparrillo y el CLAMBER. La finalidad es directa: acercar a las explotaciones los avances disponibles, evaluar su respuesta en condiciones reales y reducir la incertidumbre en la adopción de nuevas prácticas y materiales.

La transferencia incluye la publicación de resultados, jornadas de campo y la interacción con cooperativas y empresas, con el propósito de acelerar la adopción de soluciones que aporten rendimiento y estabilidad a las campañas.

Proyectos de investigación en marcha

La línea científica del IRIAF aborda cuestiones de fondo para los agrosistemas cerealistas semiáridos: cómo influye el tipo de laboreo en la biodiversidad y la funcionalidad del suelo y cómo optimizar la fertilización para sostener el rendimiento sin comprometer la sostenibilidad. Estos trabajos buscan cuantificar efectos a medio plazo y ofrecer recomendaciones de manejo integrado (MIP) ajustadas a las condiciones de la región.

El director general insistió en que la investigación y la experimentación avanzan de la mano del sector: «Estamos de la mano con las asociaciones cerealistas para dar a los agricultores la rentabilidad que necesitan». El enfoque combina productividad, conservación de suelos y eficiencia en el uso de insumos.

Red de colaboración público-privada

Para sostener este despliegue, el IRIAF mantiene una colaboración intensa con una decena de instituciones: universidades de Castilla-La Mancha y Alcalá, CSIC, ITAP, la Oficina Española de Variedades Vegetales, cooperativas y más de 50 empresas vinculadas a semillas, fertilización, maquinaria y servicios tecnológicos.

Esta red permite validar variedades y prácticas de manejo en diferentes ambientes, acelerar la llegada de innovaciones al campo y reforzar la cadena de suministro del cereal, desde la parcela hasta la industria transformadora. El objetivo último es consolidar al cereal como columna vertebral de la agricultura de Castilla-La Mancha, con relevo generacional, base tecnológica y resultados medibles en rentabilidad y estabilidad de las explotaciones.

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