Los jardines del Prado de Ciudad Real se convirtieron en aula al aire libre con el taller «La Pandorga para niños», promovido por la Hermandad de Pandorgos con apoyo municipal. La concejal de Festejos, Mar Sánchez, acompañó a familias y participantes en una actividad pensada para acercar, desde la infancia, los ritos y símbolos de la celebración más identificable de la ciudad.
El objetivo: acercar la fiesta a la infancia y asegurar su relevo generacional mientras se refuerza la candidatura de la Pandorga a Fiesta de Interés Turístico Nacional. La cita se enmarca en la estrategia local de pedagogía festiva: transmitir prácticas, sentidos y valores antes de que los niños den el salto a los actos oficiales del 31 de julio.
Taller en los jardines del Prado
El programa permitió a los más pequeños reproducir, con materiales y dinámicas adaptadas, algunos de los momentos más reconocibles de la Pandorga: la ofrenda a la Virgen del Prado, la preparación de la tradicional limonada, la figura del Pandorgo y un toro de fuego simbólico pensado para el público infantil. La actividad reproduce, a escala, los hitos del 31 de julio para que los participantes comprendan su significado más allá del componente lúdico.
Sánchez subrayó el aumento de la asistencia familiar y el auge de la indumentaria tradicional entre los menores, incluida en edades cada vez más tempranas. «Son el futuro de nuestras tradiciones», apuntó, antes de agradecer la implicación de la Hermandad en la tarea de divulgación que, dijo, el Consistorio quiere mantener «de la mano» del colectivo organizador.
El formato, eminentemente práctico, se apoyó en explicaciones breves y acciones guiadas por miembros de la Hermandad. Los niños participaron por turnos y en pequeños grupos, favoreciendo la atención y la seguridad en cada recreación festiva.
Familias y símbolos de identidad
Desde la Hermandad de Pandorgos, su presidente, Francisco Turrillo, explicó que el taller busca «sembrar» el interés por las costumbres locales desde edades tempranas. Los ejercicios replican casi todos los actos de la jornada del 31 de julio, ajustados a su comprensión, con el fin de reforzar el vínculo de pertenencia a la ciudad.
La Hermandad mantiene este taller desde hace años con una respuesta familiar sostenida, una continuidad que ha permitido fijar rituales y relatos en el imaginario infantil. «Hay que empezar desde que son chiquititos para que sepan lo que son las fiestas, las costumbres y las tradiciones de nuestra ciudad», resumió Turrillo.
La organización reivindica, además, el carácter comunitario del festejo. «Es una fiesta del pueblo y de toda la ciudad», recordó el presidente, para destacar que el mantenimiento del legado depende de que los menores lo vivan en primera persona y con referentes claros: el Pandorgo, la ofrenda, la música, los sabores y los símbolos que identifican la celebración.
Camino a la declaración nacional
El Ayuntamiento y la Hermandad coinciden en que acciones de base como esta suman a la candidatura a Fiesta de Interés Turístico Nacional. El trabajo pedagógico con la infancia se plantea como una inversión cultural a medio plazo: consolidar la participación, ampliar el conocimiento de los ritos y proyectar una imagen de continuidad que respalde el reconocimiento oficial.
La respuesta social observada en los jardines del Prado, con presencia de familias y niños vestidos con la indumentaria de la Pandorga, refuerza esa línea. Para la Concejalía de Festejos, el aumento de la participación infantil adelanta una cantera activa para las próximas ediciones.
Con la mirada puesta en la próxima Pandorga, la Hermandad afronta el tramo final de preparativos con la misma idea-fuerza que articula el taller: implicar a los más jóvenes para mantener vivo un legado que forma parte de la identidad de Ciudad Real. La transmisión de los símbolos —desde la ofrenda hasta la limonada— se consolida así como herramienta cultural y como aval para la aspiración de la fiesta a mayor proyección nacional.
