Ciudad Real ha arropado este sábado a Emilio Calatayud en su nombramiento como Hijo Predilecto de Ciudad Real, en un acto solemne celebrado en el Teatro Quijano con el aforo prácticamente completo. El alcalde Francisco Cañizares le impuso la medalla de la corporación y le entregó el pergamino que acredita la distinción.
El reconocimiento se materializa tras el acuerdo plenario adoptado por unanimidad el 31 de octubre de 2025, la mayor distinción que puede otorgar la capital a uno de sus vecinos. El jurista, conocido por su trayectoria como juez de menores, recibió la ovación prolongada del público en una ceremonia emotiva.
Ceremonia en el Teatro Quijano
El Quijano fue el escenario del acto protocolario, que combinó solemnidad institucional y un tono cercano. Calatayud, visiblemente emocionado, agradeció el nombramiento y lo calificó de «un honor». En su intervención hiló recuerdos personales y referencias familiares con un breve repaso de su vida en la capital manchega.
El magistrado compartió anécdotas de su infancia y primeras amistades en Ciudad Real antes de su marcha. «Me siento un manchego del Albaicín», dijo, en alusión a su arraigo sentimental con Granada, ciudad en la que ha desarrollado su carrera judicial.
Una trayectoria ligada a Granada
Nacido y criado en Ciudad Real, Calatayud construyó con los años un perfil público como juez de menores en la capital granadina. Desde esa plaza se ha hecho conocido por sus pronunciamientos directos y su enfoque pedagógico, una labor que recordó ante el auditorio sin alardes y con constantes guiños a sus orígenes manchegos.
Sin entrar en balances, reivindicó la importancia de la familia y la comunidad en la educación de los jóvenes, un hilo conductor que atravesó su discurso y que conectó con los recuerdos de su etapa en la ciudad. Subrayó, además, la gratitud por volver a recibir el afecto de sus paisanos en un teatro lleno.
Reconocimiento y asistencia institucional
El alcalde Cañizares destacó «la valía humana y profesional» del nuevo Hijo Predilecto y lo definió como «un manchego del Albaicín universal que representa los valores de esta ciudad». Elogió su «personalidad extraordinaria» y una «labor impagable» en el camino hacia «una justicia mejor», palabras con las que subrayó que el reconocimiento «hace más grande a nuestra ciudad».
La ceremonia congregó a representantes de la corporación municipal y de otras administraciones, miembros de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, de la Universidad y de numerosas entidades y colectivos sociales, además de vecinos a título particular. La presencia de autoridades y público dio al acto un carácter coral y de ciudad.
Música y familia en el acto
El componente emocional se reforzó con la intervención de su hija Alba, que tomó la palabra en uno de los momentos más personales de la tarde. La parte musical corrió a cargo del Coro de Cámara Oretania, que aportó solemnidad y cerró una ceremonia medida en los tiempos y en el tono.
Con la entrega de la medalla y el pergamino, y el aplauso final del Quijano, Ciudad Real formalizó el vínculo con uno de sus vecinos más reconocidos y puso el foco, por unas horas, en una trayectoria forjada lejos de casa pero anclada a sus raíces.
