Ciudad Real refuerza la limpieza de imbornales y alcantarillado en el periodo de mayor riesgo por la caída de hojas y el aumento de las lluvias. La concejal de Urbanismo, Yolanda Torres, ha supervisado trabajos en marcha junto a técnicos municipales de Infraestructuras, dentro del operativo que el Ayuntamiento activa cada año para prevenir incidencias en la red de pluviales y saneamiento.
El consistorio mantiene un plan anual que se intensifica cuando se prevé mayor acumulación de agua y suciedad en la vía pública. El objetivo es minimizar atascos y encharcamientos con actuaciones programadas y refuerzos puntuales en los puntos con más probabilidad de saturación.
La intervención se apoya en tres pilares: mantenimiento preventivo, refuerzo en puntos críticos y verificación técnica tras cada jornada. En total, la ciudad trabaja sobre 8.000 imbornales distribuidos por todos los barrios, un volumen que exige operativos sostenidos a lo largo del año.
Refuerzo previo a lluvias y hojas
Antes de los episodios de lluvia y de la caída masiva de hoja, el Ayuntamiento incrementa el número de actuaciones en la red de drenaje urbano. Estas tareas se suman a las labores preventivas que se ejecutan durante ocho meses del año y que permiten anticiparse a las acumulaciones de residuos en rejillas y acometidas.
Según la planificación municipal, el refuerzo se focaliza en los puntos con mayor histórico de incidencias y en los entornos más expuestos a la llegada de hojas y arrastres. El Ayuntamiento mantiene un plan anual de limpieza que se intensifica en los meses de mayor riesgo para asegurar la capacidad hidráulica de la red.
Torres ha subrayado la necesidad de mantener la rutina de limpieza en estas semanas para evitar problemas cuando se produzcan lluvias más intensas. La supervisión de los trabajos permite ajustar itinerarios y priorizar zonas en función del estado real de los imbornales.
Planificación por zonas y control
La empresa concesionaria Aquona ejecuta las labores de limpieza de forma permanente, en base al contrato suscrito con el consistorio. La operativa se organiza por zonas para cubrir toda la ciudad a lo largo del año y concentrar recursos cuando la previsión lo aconseja.
La coordinación entre la Concejalía de Urbanismo y la compañía es semanal. Aquona remite informes con los puntos abordados, las incidencias detectadas y el estado de cada imbornal tras su limpieza. Los técnicos municipales verifican sobre el terreno el resultado de las intervenciones y el estado en que queda cada área de actuación.
Este circuito de trabajo —planificación, ejecución, informe y verificación— permite mantener una trazabilidad de las actuaciones y ajustar el plan a la evolución de la red. La empresa y el Ayuntamiento afinan el calendario a partir de los informes y de la inspección municipal para optimizar recursos y tiempos.
380 puntos críticos bajo vigilancia
Además del mantenimiento ordinario, el dispositivo se refuerza en 380 puntos catalogados como críticos por su propensión a acumular agua o residuos. Este listado se distribuye por toda la ciudad y concentra buena parte de los trabajos durante las semanas previas a los episodios de lluvia más probables.
La identificación de estos enclaves permite anticipar intervenciones y reducir el riesgo de atascos durante chubascos intensos. Mantener en buen estado 8.000 imbornales supone un esfuerzo continuado que se multiplica en la campaña de otoño.
Con este esquema de trabajo, el Ayuntamiento busca que la red responda con agilidad a la llegada de agua, reducirá la presencia de charcos en calzadas y aceras y evitará daños por saturación. La combinación de prevención, refuerzo y control técnico es la base del plan municipal para asegurar la capacidad de drenaje en toda la ciudad.
